Vídeos de políticos diciendo lo que nunca dijeron, supuestas pruebas de fraude electoral y asistentes que responden a nuestras preguntas sobre los partidos. La IA ya está en campaña. Y esta vez hay nuevas reglas, aunque todavía no esté claro cómo se aplican.
El miércoles, el PP publicó en sus redes un vídeo en el que Begoña Gómez, José Luis Rodríguez Zapatero, José Luis Ábalos o Santos Cerdán parecen reconocer delitos e irregularidades. Ninguno de ellos pronunció esas frases. Sus caras y sus voces habían sido recreadas con inteligencia artificial.
El vídeo respondía a la campaña de los socialistas a cuenta de la visita de Javier Milei, en la que el PSOE reivindicaba el «zurdos y orgullosos». El PP le dio la vuelta: «lerdos y orgullosos». Según Demócrata, en un día superaba el millón de visualizaciones en X, las 500.000 en Instagram y las 200.000 en TikTok.
El PSOE estudia acciones legales. El PP defiende que es una parodia evidente. Su portavoz nacional, Borja Sémper, sostuvo que habría un problema si se pretendiera engañar sobre la identidad de los protagonistas, pero que cualquiera puede interpretar el vídeo como una crítica a lo que su partido considera la hipocresía del PSOE. Los populares, a su vez, acusan a los socialistas de haber difundido una carta atribuida a Feijóo.
Y hay un detalle que no es menor. El vídeo del PP incluye un aviso de que está generado con IA, pero aparece en letras poco visibles, como señaló El País. Ahí empieza una discusión que va bastante más allá de este vídeo: ¿basta con avisar, o el aviso tiene que ser lo bastante visible para que alguien se dé cuenta?
¿Quién tiene razón en la disputa legal? Eso, si llega el caso, lo tendrán que resolver las autoridades competentes y, en su caso, los tribunales. Yo no soy juez. A mí lo que me ha dejado pensando es que este es uno de los primeros grandes choques de unas elecciones generales que estrenan obligaciones europeas sobre los contenidos creados con IA. Y todavía hay muchas dudas sobre cómo se aplican.
Lo que dice la norma, en cristiano
Desde el 2 de agosto se aplica el artículo 50 del Reglamento europeo de Inteligencia Artificial. Entre otras cosas, obliga a informar de que determinados contenidos que parecen auténticos han sido generados o manipulados con IA. Es el caso de los deepfakes: imágenes, voces o vídeos que representan de forma artificial a personas o acontecimientos reales y pueden confundirse con algo que ocurrió de verdad.
Ahora bien, como siempre, hay letra pequeña. La norma contempla un tratamiento específico para las obras evidentemente satíricas, artísticas o de ficción. La obligación de transparencia no desaparece por llamarlo sátira, pero la forma de informar puede adaptarse para no interferir en su disfrute, como explica la Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial.
Tampoco estamos ante una prohibición general de utilizar IA en política. Y avisar de que un contenido es artificial no significa que todo lo demás esté permitido: los derechos al honor y a la propia imagen, así como las normas electorales, siguen existiendo.
Para completar el cuadro, la reforma española de la ley del honor que pretendía abordar expresamente los deepfakes decayó con la disolución de las Cortes.
Resumiendo: estrenamos obligaciones europeas de transparencia en plena carrera electoral y con una reforma legislativa española pendiente. Buen momento para improvisar.
Cuando todo es «sátira»
El vídeo del PP no es el único caso. A los pocos días de convocarse las elecciones, Maldita.es identificó más de una decena de vídeos hechos con IA que alimentan la idea de un supuesto fraude en el voto por correo: carteros que trituran papeletas, interventores que cambian votos y otras escenas que nunca ocurrieron.
Los difunden cuentas que se presentan como creadoras de contenidos de «humor» o «sátira», y muchos vídeos aparecen etiquetados como IA.
Y aquí viene el problema. La etiqueta funciona mientras el contenido conserva su contexto. Pero piensa en el último vídeo que te llegó por el grupo de WhatsApp de la familia. ¿Venía con aviso? Ya. Por el camino, el «hecho con IA» suele perderse, y quien recibe el vídeo puede no saber de dónde salió.
Hay otro efecto que me preocupa todavía más. Si cualquier vídeo puede ser falso, a cualquier político le basta con decir «eso es IA» para intentar quitarse de encima uno verdadero.
Los investigadores lo llaman el «dividendo del mentiroso»: la posibilidad de aprovechar la existencia de falsificaciones convincentes para sembrar dudas sobre pruebas auténticas. No hace falta demostrar que algo es falso. A veces basta con conseguir que la gente dude.
En campaña electoral, ese comodín puede resultar muy útil. Y lo puede utilizar cualquiera.
Y luego está lo que contestan las IA
Hasta aquí hablamos de vídeos que alguien fabrica y comparte. Pero hay otra forma, mucho menos visible, en la que la inteligencia artificial puede intervenir en estas elecciones: lo que nos cuenta cuando le hacemos una pregunta.
También hay personas que recurren a ChatGPT, Gemini, Claude, Copilot o Perplexity para informarse, comparar propuestas o comprobar declaraciones. En lugar de consultar varias fuentes, hacemos una pregunta y recibimos una respuesta que suena completa.
Pero ¿responden todos lo mismo? ¿Citan las mismas fuentes? ¿Distinguen una promesa electoral de una ley aprobada? ¿Qué información seleccionan y cuál dejan fuera?
No es necesario que un asistente invente nada para influir en nuestra percepción. También importa qué aspectos destaca, en qué orden presenta las propuestas y qué contexto omite.
Así que te propongo un experimento para este fin de semana.
Abre dos o tres asistentes distintos y hazles exactamente la misma pregunta: ¿qué proponen los principales partidos sobre vivienda?
Fíjate en qué partidos menciona cada uno y en qué orden, si explica de dónde obtiene la información y si diferencia las propuestas electorales de las medidas ya aprobadas. Después, contrasta lo que te cuentan con los programas y las fuentes oficiales disponibles.
Puede que las respuestas se parezcan mucho, o puede que no. En cualquier caso, habrás hecho lo más sano que se puede hacer con estas herramientas: comprobar antes de dar por buena una respuesta.
Tres semanas por delante
La campaña oficial empieza el 13 de noviembre. Hasta entonces veremos más vídeos, más parodias y, probablemente, más discusiones sobre dónde termina el humor y empieza el engaño.
La nueva normativa europea obliga a identificar determinados contenidos artificiales, pero no garantiza que el aviso llegue a todos los que los ven. Y mucho menos que baste para despejar las dudas.
Quizá ese sea uno de los grandes desafíos del 29N: hemos aprendido a fabricar imágenes de cosas que nunca ocurrieron. Ahora nos toca aprender a distinguirlas de las que sí.
Fuentes
- Demócrata — El PSOE estudia denunciar al PP por un vídeo con IA (22 de octubre de 2026).
- Demócrata — El PP justifica el uso de IA (22 de octubre de 2026).
- El País — El PP suplanta con IA la identidad de Begoña Gómez, Zapatero y Ábalos (22 de octubre de 2026).
- Maldita.es — Vídeos con IA y la narrativa del pucherazo (7 de octubre de 2026).
- AESIA — Artículo 50 del Reglamento de IA: preguntas frecuentes.
- Demócrata — Las leyes sobre deepfakes, en el aire por el adelanto electoral.
- Euronews — Calendario electoral del 29N.