España se prepara para unas nuevas elecciones generales el próximo 29 de noviembre. Durante las próximas semanas, los partidos políticos competirán por captar la atención de los ciudadanos, trasladar sus propuestas y construir un relato capaz de conectar con el electorado.

Durante décadas, la comunicación política ha evolucionado al ritmo de los medios: primero la prensa, después la radio y la televisión y, más recientemente, las redes sociales. Cada nuevo canal ha transformado la manera de informar, comunicar e influir en la opinión pública.

Pero ahora aparece un nuevo intermediario: la inteligencia artificial.

Ya no solo preguntamos a Google quién es un candidato o qué propone un partido. También podemos consultar a ChatGPT, Gemini, Claude, Copilot o Perplexity:

  • ¿Qué diferencias hay entre los programas de dos partidos?
  • ¿Qué propuestas existen para resolver el problema de la vivienda?
  • ¿Qué ha hecho un determinado Gobierno en materia económica?
  • ¿Son ciertas las declaraciones de un candidato?

Y aquí aparece una pregunta que merece especial atención: ¿qué ocurre cuando la información política deja de depender exclusivamente de lo que encontramos y empezamos a depender también de lo que una IA decide sintetizar y presentar?

De buscar información a recibir una interpretación

Hasta hace poco, buscar información política implicaba navegar entre noticias, entrevistas, programas electorales, declaraciones y diferentes fuentes.

Hoy, un asistente de inteligencia artificial puede condensar todo ese contenido en una respuesta de unos pocos párrafos.

La diferencia parece pequeña, pero no lo es.

Antes elegíamos qué enlaces consultar. Ahora también recibimos una selección de información elaborada por un sistema de IA.

Y esa respuesta no siempre será idéntica. Puede variar según el asistente, la formulación de la pregunta, las fuentes disponibles o el contexto de la conversación.

La IA puede ayudarnos a comprender asuntos complejos, contrastar propuestas y acceder a información que de otro modo requeriría mucho más tiempo. Pero también puede omitir matices, reproducir errores o presentar información desactualizada.

No se trata de afirmar que la inteligencia artificial manipula el voto, sino de reconocer que se está convirtiendo en un nuevo intermediario informativo cuyo funcionamiento merece ser comprendido.

La nueva batalla por la visibilidad política

En comunicación digital llevamos años hablando de posicionamiento. Primero, conseguir que una página apareciera en Google. Después, que un mensaje circulara por las redes sociales.

Ahora surge una nueva pregunta: ¿cómo aparece un partido, un candidato o una propuesta política cuando alguien pregunta por ellos a una inteligencia artificial?

Es aquí donde entra en juego el concepto de AI Visibility, la visibilidad que una organización alcanza dentro de las respuestas generadas por asistentes de IA.

Porque no es lo mismo aparecer en una respuesta que ser mencionado correctamente. Tampoco es lo mismo que una IA cite una propuesta electoral, que la explique con su contexto o que la confunda con una medida ya aprobada.

La reputación digital comienza a incorporar una dimensión adicional: cómo los sistemas de inteligencia artificial encuentran, interpretan y presentan la información disponible sobre una organización.

Y esto abre un desafío para la comunicación política: facilitar información rigurosa, accesible, actualizada y verificable, sin pretender controlar las conclusiones de los modelos.

Cinco inteligencias artificiales, una misma pregunta

La mejor manera de comprender este cambio es observar cómo responden diferentes asistentes ante una misma consulta.

Podemos plantear un pequeño experimento con cinco de las herramientas más conocidas: ChatGPT, Gemini, Claude, Copilot y Perplexity.

Por ejemplo, formular a todas ellas estas tres preguntas:

  1. ¿Cuáles son las principales diferencias entre las propuestas de los partidos españoles sobre vivienda?
  2. ¿Qué medidas propone cada partido sobre inteligencia artificial y transformación digital?
  3. ¿Qué fuentes oficiales puedo consultar para comparar sus programas electorales?

Más que buscar una respuesta ganadora, lo interesante sería analizar qué información destaca cada herramienta, qué fuentes utiliza, si distingue entre hechos y propuestas y qué contexto ofrece.

Para que la comparación resulte rigurosa, habría que realizar las consultas en condiciones similares, repetirlas y verificar las afirmaciones con fuentes oficiales. Las diferencias observadas no demostrarían, por sí solas, un sesgo político.

El ejercicio plantea una cuestión que va mucho más allá de estas elecciones: dos personas pueden formular una pregunta similar a herramientas distintas y recibir explicaciones diferentes sobre una misma realidad.

En un contexto político, donde cada palabra y cada matiz importan, esto merece nuestra atención.

Desinformación, confianza y responsabilidad

La inteligencia artificial también introduce nuevos desafíos relacionados con la autenticidad de los contenidos.

Las imágenes manipuladas, las voces sintéticas y los vídeos generados mediante IA pueden dificultar la distinción entre una declaración real y una falsificación convincente.

La Unión Europea ya ha comenzado a responder a este escenario con normas sobre transparencia en la publicidad política y obligaciones específicas para identificar determinados contenidos generados o manipulados mediante inteligencia artificial.

Sin embargo, existe una cuestión menos visible y posiblemente igual de importante: la confianza que depositamos en las respuestas de los asistentes.

Una respuesta bien redactada, coherente y aparentemente documentada puede transmitir una sensación de certeza que no siempre está justificada.

Por eso, el pensamiento crítico, la verificación de fuentes y la transparencia seguirán siendo esenciales. Quizá incluso más que antes.

Más allá de las elecciones: la reputación en la era de la IA

El 29N ofrece una oportunidad para observar esta transformación, pero sus implicaciones no terminan en las urnas.

Lo mismo que sucede cuando alguien pregunta a una IA por las propuestas de un partido puede ocurrir cuando consulta qué empresa contratar, qué universidad elegir o qué marca ofrece una solución determinada.

La inteligencia artificial está cambiando las dinámicas de descubrimiento, consideración y reputación.

Para quienes trabajamos en comunicación y marketing, comprender cómo se construyen estas respuestas será cada vez más importante. No para manipularlas, sino para entender qué información llega a los sistemas, cómo se representa y si refleja adecuadamente la realidad.

Durante años, el gran reto de la comunicación fue conseguir que nuestro mensaje llegara a las personas. Ahora aparece otro: comprender qué sucede cuando ese mensaje pasa primero por una inteligencia artificial.

Las elecciones del 29 de noviembre pueden convertirse en un interesante escenario para observarlo.

Porque la próxima gran transformación de la comunicación política quizá no esté solo en los mensajes que lanzan los partidos, sino también en las respuestas que reciben los ciudadanos.

Fuentes y lecturas

BOE — Real Decreto 806/2026 (6 de octubre de 2026) ↗
Convocatoria oficial de elecciones generales para el 29 de noviembre de 2026.

Comisión Europea — Transparencia y segmentación de la publicidad política ↗
Marco europeo sobre transparencia de la publicidad política.

Unión Europea — Reglamento (UE) 2024/1689, AI Act ↗
Obligaciones de transparencia aplicables a determinados contenidos generados o manipulados por IA.